restauración conservación del patrimonio

Sobre los del interiores de las iglesias en Castilla y León

Tras la clausura del Concilio Vaticano II, en diciembre de 1965, se adaptaron las catedrales y las iglesias a la nueva liturgia.

En unas, sin eliminar ni remodelar los bienes muebles heredados sino añadiendo discretamente los necesarios como en Roma, cuyo obispo es el Papa, y en otras, eliminándolos o modificándolos ostensiblemente como en España de forma casi generalizada.

El estado del arte sacro en 2005, estudiado en un muestreo de casi quinientas iglesias de Castilla y León y todas sus catedrales, y bastantes en otras regiones, es el siguiente:

Las fábricas de las iglesias y catedrales están restauradas, por su perentoria necesidad, o en proyecto de serlo.

Las obras relevantes del interior de las iglesias y catedrales están estudiadas, catalogadas y restauradas o próximas a ello y son llevadas, siempre que es posible, a exposiciones, Las Edades del Hombre y otros acontecimientos. Forman la “nata” del inmenso cuenco de los bienes muebles y documentales de las diócesis en repliegue táctico a lo posible pues son abarcables, controlables, vigilables y visitables en museos o lugares adecuados. Son la bandera del arte sacro y el prestigio cultural de la Iglesia, de las instituciones civiles patrocinadoras y de sus gestores. Constituyen la cultura de la obra y pieza notable generadora de brillantes publicaciones.

El resto de las obras del interior de las catedrales está tratado profesionalmente, salvo penosas intervenciones que serán lloradas por irreversibles, generalmente.

Las obras, no catalogadas del interior de miles de iglesias diseminadas por llanuras o desniveles, están desvirtuadas o dañadas, salvo afortunadas excepciones. El resto aún incólume, olvidado por la cultura dominante de la pieza notable y singular sin mención a la armonía de su entorno, está expuesto al mismo trato. Su atención casi imposible para las diócesis, por su inabarcable cantidad, dispersión y exigente profesionalidad, está en gradual traspaso económico desde las diócesis hacia los fieles y los poderes locales, ambos en creciente interés por lo de su pueblo tenido como suyo pero con costumbres aprendidas y arraigadas desde las primeras intervenciones expeditivas de los párrocos y superiores religiosos, convertidos en directores artísticos sin casi freno de los responsables religiosos y civiles, los dos impregnados del desarrollismo descarnado, ya superado pero alargado en el tiempo por algunos.

La vista general del interior de las iglesias, heredada de siglos y valor histórico artístico en sí mismo al igual que una obra singular, arte inmaterial sobre lo material, arte mayor y total para esplendor de la liturgia del culto divino, ha sido dañada o desvirtuada en la mayoría de ellas aunque haya partes notables restauradas. Es la otra realidad no brillante del arte sacro.

Por Javier Lorente Páramo
franjaloren@telefonica.net
Dentro de Crónicas