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Atolón de Bikini, en Islas Marshall

Cementerio de navíos en la II Guerra Mundial, lugar de pruebas nucleares desde 1946 a 1958, el Atolón de Bikini, es hoy un lugar incluido en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO, desde 2010.

Este sitio, de 73 500 ha., está deshabitado y pertenece a Islas Marshall, y su protección ha puesto fin a una desastrosa historia: En los años de la II guerra Mundial, EE.UU. utilizó la laguna del atolón como cementerio de naves; luego, allí se llevaron a cabo 23 explosiones nucleares en el periodo 1946-1958, entre las que destacó la de la primera bomba H (1952).

Dotadas de una potencia siete mil veces mayor que la de la bomba lanzada sobre Hiroshima, esas explosiones tuvieron hondas repercusiones en la geología y el medio ambiente de Bikini, así como en la salud de las poblaciones sujetas a las radiaciones atómicas.

Pese a su imagen de pacífico paraíso terrenal, el atolón de Bikini es paradójicamente el símbolo de la era de las armas atómicas.

Las bombas de Bikini confirmaron la entrada de la humanidad en la llamada Era Nuclear. Los vestigios militares del atolón testimonian los inicios de la “guerra fría” y el curso acelerado de las armas de destrucción masiva, que dieron inicio a un “equilibrio del terror”.

Pobladas desde el milenio IV a.C., estas islas micronésicas recibieron los primeros contactos con Europa a partir del siglo XVI, y tuvieron gran importancia como campo de lucha entre Japón y EE.UU. –II Guerra Mundial- por el control del Pacífico.

En 1967, las autoridades norteamericanas examinaron la posibilidad de reintroducción del hombre, lo que se hizo efectivo en 1979, con un programa de desarrollo agrícola. Pero en 1978 se desmontó la población por la evidencia de la radiactividad nuclear en los habitantes, recibida sobre todo a través de los alimentos y el agua.

Dentro de Patrimonio mundial
Atolón de Bikini. UNESCO/Eric Hanauer

Navío hundido. Atolón de Bikini. UNESCO/Eric Hanauer

Casamata de la II Guerra Mundial. Atolón de Bikini. UNESCO