restauración conservación del patrimonio

Protección del patrimonio subacuatico

El Odyssey Explorer recientemente fue abordado por fuerzas españolas de Orden Público por su posible expoliación de los tesoros subacuaticos del sur de la Península Ibérica. El navío sencillamente un cazatesoros más.

Noviembre de 2007
Muchas veces, cuando contemplamos museos históricos o artísticos, nos encontramos ante materiales, esculturas, ánforas, etc., halladas bajo el mar.

El Mediterráneo, un mar casi cerrado en el que fenicios, romanos, cartagineses, bizantinos, turcos o españoles mantuvieron tráficos y batallas, es un auténtico almacén de barcos hundidos. El entorno del paso de Gibraltar, un estrecho pasillo por donde circularon y pelearon desde la antigüedad infinidad de embarcaciones, es un punto más, como los entornos de toda Grecia o las islas italianas.

Historias y leyendas nos hablan también de tesoros guardados debajo del agua... Desde las narraciones de los Nibelungos, con el tesoro hundido en el Rin, hasta las de los piratas caribeños.

La página web de la UNESCO recogía recientemente un análisis referido a El "Patrimonio Cultural Subacuático", los rastros de existencia humana que estén o hayan estado bajo el agua, parcial o totalmente y que tengan un carácter cultural o histórico. En el mismo se recordaba que a través de los siglos, ciudades enteras han sido engullidas por las olas y miles de barcos han desaparecido bajo el mar. Hoy este legado del pasado constituye un patrimonio cultural de enorme importancia.

Muchos de estos sitios arqueológicos no han sido perturbados durante siglos y hasta milenios, propiciando una mejor preservación de materiales orgánicos bajo el mar que en tierra, gracias a la falta de oxígeno que acelera su deterioro. Este aspecto representa una de las singularidades de los vestigios sumergidos, ya que preservan artefactos y proporcionan información histórica que en tierra hubiese desaparecido hace ya mucho tiempo.

Quienes visitan el museo Wasa, en Estocolmo, lo ven claro. Éste centro es el museo más visitado de Suecia. Su atracción principal: un barco del siglo 17 que se hundió en las inmediaciones de la ciudad, el mismo día en que se botaba oficialmente, ante la realeza.

Pecios de navíos y ruinas de ciudades
Se estima que en el fondo de los océanos del planeta yacen diseminados más de 3 millones de pecios de navíos naufragados, aún por descubrir. Entre estos tesoros se incluyen:

  • El trasatlántico Titanic;
  • Los barcos de la Armada Invencible de Felipe II de España;
  • La flota de Kublai Jan;
  • Las carabelas de Cristóbal Colón; y Los galeones españoles que surcaban los mares entre las colonias de América y España.
  • Los vestigios de un sinnúmero de edificios antiguos se hallan actualmente sumergidos también bajo las aguas del mar.

    Entre los vestigios subacuáticos figuran en particular:
  • La Bahía de Alejandría, con los vestigios del Faro y del palacio de Cleopatra;
  • Parte de la antigua ciudad de Cartago
  • Algunos de los sitios orientales del Patrimonio Mundial de la UNESCO
  • La ciudad jamaicana de Port Royal, víctima de un maremoto en 1692.

    Desprotección de los tesoros
    Restos de navíos y las ruinas de edificios hundidos en el mar están cada vez más amenazados. Este patrimonio ya no esta fuera del alcance de los cazadores de tesoros, aunque es imprescindible contar con equipamiento profesional y un alto grado de entrenamiento para llevar a cabo excavaciones bajo el agua. Además de la dispersión, los objetos recuperados se enfrentan a un riesgo de destrucción debido a la falta de una conservación apropiada.

    En 1942-1943, los franceses Jacques-Yves Cousteau y Emile Gagnan inventaron la escafandra submarina autónoma, facilitando así el acceso a los pecios localizados en fondos marinos más profundos.

    Con la evolución de las técnicas del buceo desde la segunda mitad de nuestro siglo, los buceadores han logrado descender hasta profundidades mayores a los 100 metros, y las posibilidades están aumentando gracias a la utilización de mezclas de gases.

    En 1989, el sumergible japonés Shinkai 6.500 logró descender a 6.527 metros por debajo del nivel del mar. En 1995, el robot de sondeo submarino Kaiko - también japonés - consiguió alcanzar el récord de profundidad, descendiendo a 10.911 metros.

    Muchos sitios arqueológicos subacuáticos ya han sido presa de pillaje y robos de gran envergadura. La explotación comercial de sitios sumergidos y la consecuente venta de artefactos es una reminiscencia de lo que sucedió con innombrables sitios arqueológicos en tierra. Famosos navíos, cuyos pecios han sido destruidos por los cazadores de tesoros, incluyen el Geldermalsen, el Nuestra Señora de Atocha y el Tek Sing.

    La insuficiencia de las legislaciones y los derechos de soberanía de los Estados, permiten a los cazadores de tesoro continuar sus actividades y explotar artefactos con propósitos puramente comerciales en total desprecio por la perdida que ocasionan a la ciencia y la humanidad.

    Convención de la UNESCO sobre la materia
    La Convención sobre la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático, adoptada en 2001 por la Conferencia General de la UNESCO, tiene por objeto permitir que los Estados protejan mejor su Patrimonio Cultural Subacuático. En ella se establece:

  • Los principios básicos para la protección del Patrimonio Cultural Subacuático;

  • Un sistema de cooperación pormenorizado, a fin de que los Estados puedan llevar a cabo esa protección y Normas prácticas comúnmente reconocidas para el tratamiento e investigación del Patrimonio Cultural Subacuático.

    Los principios más importantes de la Convención de 2001 son los siguientes:

  • Obligación de preservar el Patrimonio Cultural Subacuático

  • Los Estados Partes deben preservar el Patrimonio Cultural Subacuático. Se exige también que se respeten como es debido, todos los restos humanos que se hallen en las aguas del mar.

  • La preservación "In situ" como opción prioritaria. La preservación del Patrimonio Cultural Subacuático in situ - esto es, en el lecho del mar - deberá considerarse la opción prioritaria, antes de emprender actividades dirigidas a ese patrimonio. No obstante, la recuperación de objetos podrá autorizarse cuando tenga por finalidad aportar una contribución significativa a la protección o al conocimiento del Patrimonio Cultural Subacuático.

  • No Explotación Comercial. El Patrimonio Cultural Subacuático no debe ser explotado comercialmente con fines de lucro o especulativos, ni tampoco debe ser diseminado de forma irremediable. Esta disposición es conforme a los principios morales que ya se aplican al patrimonio cultural en tierra firme. Evidentemente, no debe interpretarse como una prohibición de los trabajos de investigación arqueológicos o del acceso de los turistas a los sitios.

  • Formación e Intercambio de Información. Los Estados Partes deberán cooperar e intercambiar información, promover la formación en arqueología subacuática e impulsar la sensibilización de la opinión pública al valor e importancia del Patrimonio Cultural Subacuático.

  • Ausencia de reglamentación de la propiedad del patrimonio. La Convención no pretende dirimir disputas o demandas relativas a la propiedad y no reglamenta la cuestión de la propiedad de un bien cultural entre distintas partes interesadas.

    Periódicamente, se están celebrando reuniones en diferentes continentes para sensibilizar a los países que todavía no han ratificado la Convención a hacerlo, y al mismo tiempo discutir la implementación práctica de la Convención por los Estados-Partes.

    Más información en:
    http://unesdoc.unesco.org
    Dentro de Salvar Patrimonio
  • Colección de ánforas mediterráneas del siglo I halladas en gran profundidad. Imagen UNESCO. Drassm / Ifremer

    Extracción de un cañón de bronce de un pecio hundido. UNESCO. P. Enault / Drassm

    Arqueología subacuática. Recogiendo materiales para un contenedor. UNESCO. Derain / Drassm

    Arqueología subacuática. Izando a superficie los materiales recogidos. UNESCO. Derain / Drassm